Tome el transbordador en el cabo de Fouras, en el puerto de la Fumée y atraviese una parte del estrecho de Antioche para desembarcar unos veinte minutos más tarde en la isla de Aix. Bienvenido a una «tierra» de tranquilidad. Aquí no hay ni automóvil ni autobús. Con una longitud de 4 km y un ancho de seiscientos metros, la isla de Aix, con forma de medialuna, es un lugar que se puede descubrir a pie, en bicicleta... ¡o en calesa !
Un lugar cargado de historia
Fortificada por Vauban – durante siglos se protegieron los alrededores del arsenal de Rochefort– la isla de Aix es un gran libro de historia a cielo abierto, pues alberga la casa donde Napoleón pasó sus últimas horas. El pueblo de la isla posee algunas calles adoquinadas que permiten descubrir una auténtica arquitectura local.
La naturaleza intacta
Con sus malvas reales presentes casi en todas partes, la isla de Aix es como un gran jardín. En ese mundo de miniatura en el que la naturaleza reina, entre el cabo de Sainte-Catherine y el de Coudepont se pueden encontrar calitas arenosas bordeadas por bosques de pinos y de cipreses. En el horizonte, las islas de Ré y de Oléron ; y con un poco de esfuerzo se divisa también Fort Boyard. Esta costa tranquila y silenciosa se presta fácilmente a la pesca, a los baños en el mar y a las salidas en barco. En la isla de Aix todo está como antaño, pero no digamos nada: como sucede con el lugar, eso debe quedar entre nosotros.