El litoral de Charente-Maritime encierra cuatro islas excepcionales.
Si bien estas islas poseen características comunes tales como una naturaleza generosa e intacta, y un clima favorable, cada una tiene también sus singularidades.
Ré «la blanca» evoca ante todo los pueblitos de casas blancas con postigos verdes, que rebosan de callejuelas, y es el paraíso de las malvas reales. Y con su nombre también vienen a la memoria las ciclovías que surcan la isla, sus pantanos, sus playas, sus bosques y sus puertos típicos.
Aix «la auténtica» es la última isla del departamento a la que sólo se puede acceder por barco. Allí no hay automóviles y la tranquilidad está garantizada. A pie o en bicicleta, cada quien puede, a su ritmo, recorrer esta pequeña medialuna de tierra en la que se mezclan un patrimonio excepcional y una naturaleza en estado salvaje.
Oléron «la luminosa» es un cóctel de naturaleza, de patrimonio y de productos de primer plano. Entre sus largas playas – lugares magníficos para la práctica de los deportes náuticos y de deslizamiento – sus numerosos bosques de robles y de pinos, sus pantanos y sus pájaros, la ciudadela del Castillo de Oléron, Fort Boyard, las ostras de Marennes-Oléron… el buen vivir se inventó aquí.
Madame «la benjamina», menos conocida que las otras islas del departamento, es un lugar único. Se puede acceder a ella con la marea baja, por el «paso de los bueyes», y descubrir ese minúsculo pedazo de tierra, casi virgen, situado entre el estuario de Charente y el océano. Los carrelets –cabañas de madera sobre pilotes para pescar con marea alta– son numerosos en la costa oeste de la isla.